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| Semanario El Veraz | San Juan, Puerto Rico | |
El Padre de la Telenovela

Por Rafael E. Saumell

¿De dónde es Félix Benjamín Caignet Salomón?

Bueno soy de San Luis, Oriente, del cafetal Burene, propiedad de mi padre. Él era francés y mi madre cubana, tenían un cafetal maravilloso, el mejor que había en Oriente.

Mi padre se arruinó durante la guerra de independencia, era simpatizante de los revolucionarios y los españoles le hicieron horrores, le quemaron los cafetales. Luego se quedó paralítico y arruinado. Así pues se quedaron con nueve hijos, mi madre y él paralítico.

Era un hogar católico, apostólico y "romántico". El único que no hizo la comunión fui yo. Mi madre era muy católica, devota de la Virgen de la Caridad, por cubana no por virgen. Me simpatiza y la respeto. Yo busqué independizarme, quise trabajar, ser útil, he sido un espíritu demasiado inquieto, muy ambicioso en mis sueños, he soñado muy alto. Hubiera preferido ser más modesto.

Me ha gustado tener dinero y he sido rico para repartir lo mío y hacer feliz a mucha gente. No lo estoy diciendo como una virtud porque no creo en las virtudes sino en el instinto del individuo. Era más bien por estética que por virtud porque pensé que es mucho más bonito ser bueno que malo.

Yo quería ser útil en mi casa y no estudié nunca. Le va a parecer imposible, yo nada más pasé hasta un tercer grado malo en una escuela pública. Yo no sé conjugar un verbo, no sé analizar una oración. Miguel Matamoros y yo fuimos amiguitos desde muchachos, en la misma escuela de Carmela Cruz aprendimos a leer y a escribir.

Nunca aprendí a pintar y pinté, llegué a pintar bastante regular, me gustaba mucho la acuarela. Hago joyas de piedras. Libertad Lamarque anda siempre con un amuleto de la buena suerte que yo le hice, que es un negrito llorando.

Se lo mandé a montar en un aro de oro. He leído mucho, los libros han sido mis maestros. Siempre he sido un buscador de almas. Con mis amigos he sufrido muchas decepciones porque he ido a encontrar en amigos el alma que no tuvieron.

Allá en Oriente, crítico de teatro, y en La Habana amigo de Caruso

Empecé en los periódicos de Oriente, en el Diario de Cuba, en El cubano libre. Publicaba cuentos en el periódico, versos, poesía lírica, todavía no hacía versos negros como Nicolás Guillén en Sóngoro cosongo. Era un muchacho entonces, cubría los deportes, la policía, después hice de crítico teatral, me gustó mucho el teatro, lo leía mucho todo ese teatro español, francés, las obras de Jacinto Benavente y de los hermanos Álvarez Quintero.

Tengo un archivo maravilloso de obras del teatro universal. También tengo una colección de fotografías y de autógrafos de eminencias teatrales, de Anna Pavlova, de mi gran amigo Enrico Caruso, me hice amigo suyo por cartas. Primer tenor del mundo, un hombre maravilloso, de una sencillez enorme. Cuando vine a La Habana [invitado por el cantante] me hospedé en el hotel Saratoga, cerca de donde estaba hospedado él que era en el Plaza. Me hacía ir todos los días a almorzar con él, de noche lo que tomaba era una limonada.

Y una noche, me acuerdo que cantaba Payasos, ¿sabes a cuánto vendían las lunetas? En taquilla eran cincuenta dólares, los revendedores a cien y a veces ciento veinte, ciento veinte cuando cantó Aída. Llegamos al teatro y habíamos salido un rato, habíamos caminado por el Parque Central y nos fuimos para el teatro. Entonces, cuando llegamos, había una alegría enorme entre bastidores.

Era temprano todavía y toda la gente del teatro de allí, gente humilde, una alegría, estaban repartiendo tabacos de primera, repartiendo una caja de tabacos y tenían una botella de ron y se estaban dando tragos. Y me dice Caruso: "¿qué está pasando ahí?" Y voy yo, indago y le digo. "Mire lo que pasa es que aquel muchacho que está allí, era un morenito, un tramoyista, ha tenido su primer hijo, ha salido varón, está repartiendo tabacos y bebidas a todo el mundo, a todos los amigos". Dice Caruso: "Yo soy amigo de él" y va para allá y le dice "un abrazo, papá. Tu hijo tiene que llamarse Enrico Caruso y yo voy a ser el padrino".

Ah, un negro llamado Caruso, era un tipo simpático el negrito, un negrito de obra bufa, como Garrido, una cosa así. Vivía en Regla y allí se celebró el bautizo y el individuo le puso a su hijo Enrique Caruso y González. Por ahí saca usted el carácter que tenía Caruso, un hombre sin vanidad de ninguna clase, encantador, yo lo tengo entre mis recuerdos más agradables. Luego vino la radio, escribí cuentos para niños, Chilín, Bebita y el enanito Coliflor", del tamaño de un cigarrillo Edén que patrocinaba el programa.

Chilín y Bebita eran dos hermanos mellizos. Coliflor siempre iba como asomado a un balcón, metido en el bolsillo de Chilín. Representaban a los niños, al hombre y a la mujer perfectos. Tocaba las distintas facetas humanas y les impartía todas las virtudes a mis personajes. El enanito Coliflor era el que los aconsejaba, el que les decía la verdad, era chiquitico, claro, mencioné mucho en mi cuento la frase "no hay hombre grande ni chiquito, lo que se necesita para la estatura moral es voluntad fuerte, una enano puede ser gigante si tiene voluntad".

Y a base de eso giraban mis personajes. Yo mezclaba eso con lecciones de historia, geografía, astronomía. Todos los días se interrumpía la aventura con una cajita de música que yo tenía, empezaba a sonar, "ah, qué ruido, tengo que interrumpir, la cajita de música manda que no puedo seguir, será mañana, continuará". Eran episodios infantiles como por ejemplo El mundo azul. Lo hacía todo. Si había un incendio usaba un pedazo de papel celofán, hacía las voces, aquello fue un éxito, los episodios salían a las siete de la noche, todavía tengo los episodios, por seis años consecutivos… Por esa época compongo El ratoncito Miguel. Formé un cuadro de teatro infantil para dar funciones, se me llenaba el teatro, por ahí tengo los programas del Teatro Oriente.

 

Alcanfor y las cartas de amor

Yo ya había empezado a hacer música, ése es otro episodio de mi vida, quizás el más "novela rosa" de todos, esa novela rosa que hemos vivido en nuestra juventud. Después nos abochornamos de lo picúo que fue aquel amor, ese despertar a la vida, ese enamorarse románticamente. Y es tan bonito eso, chico; yo lo recuerdo siempre porque a mí me inspiró a hacer música, ser músico, porque yo quise serlo y un pariente mío que como mi padre estaba paralítico era el tutor nuestro, completamente cavernícola, me dijo que no, que quién había visto a un hombre dedicado a la música, que eso era para las mujeres. Un imbécil, un imbécil, un cerebro torcido, el exponente más alto de la imbecilidad y la ignorancia.

Bueno, el caso es que yo escribía en el Diario de Cuba una sección que era anunciada por el cigarrillo Edén y firmaba con un seudónimo, Alcanfor, porque era un nombre extranjero. Lo hice porque me anunciaron que querían hacer un concurso para premiar la mejor carta de amor que se recibiera. Todos los días premiaban la mejor carta de amor. Cada concursante tenía que mandar el frente de una cajetilla de cigarros y se premiaba con cinco pesos a la mejor carta. Pues recibo una carta que tengo guardada, sabe, y me decía: "Me he atrevido a dirigirme a usted escudada por el seudónimo. Usted nunca sabrá quién soy, mi pudor de mujer me lo impide, pero mi condición de mujer me aconseja que tenga este desahogo y se lo diga. Yo lo conozco a usted, pero usted no me conoce a mí. Creo que soy bonita, por lo menos no soy fea y yo estoy enamorada de usted. Me has gustado por feo, me gusta tu alma, la he visto a través de tus cuentos, de tus poemas publicados en Diario de Cuba".

Todavía yo no hacía versos negros como Nicolás Guillén en Sóngoro cosongo, que eso fue lo que me inspiró a escribir esos versos en aquella época. Me emociona de una manera grande aquella carta. Entonces yo la reto a ella. Le respondo públicamente: "He adivinado en usted un alma de talento superior", la elogiaba mucho, le pedía que prescindiera de esa modestia y de ese pudor y que se diera a conocer. Me dijo no, imposible, que siguiéramos así. Ella me escribía, yo le contestaba por el periódico. Se popularizó mucho entre los orientales la Gilma ésa que le escribía a Caignet y llegamos a ser novios sin conocerla. Qué cosa tan bonita aquélla, chico.

Había detalles como dijo Pablo [Paolo] Mantegazza, eran las sublimes imbecilidades del amor. Un día recibo, certificada, una cajita así y dentro un bombón mordido, ella se había comido la mitad de un bombón y me mandaba a mí la mitad. De un picuísmo rabioso pero encantador. ¿Sabes lo que es mandarme un bombón? Después de que transcurrieron los años, me veía ya grandullón comiendo un bombón con una cara de imbécil enorme, en un deleite romántico y sentimental extraordinario. Recibo otra cajita. Un ramito de violetas marchitas. Me lo puse, estuve paseándome con él por el parque, lo llevaba puesto en el lado izquierdo, en el corazón. Esos detallitos tan imbéciles. Les haces una radiografía colocado en un plano de seriedad, de pollino. Pero si te pones en un plano de juventud lo encuentras perfectamente justificado. Eso es cuando el alma es más pura. Después viene el amor meditado, el amor que de acuerdo con todas las prescripciones sociales le restan ternura al amor. Y pasa un día, pasa un año y yo suplicándole cómo era. La gente preguntaba cómo es Gilma y a imaginarla.

Un día La imaginación me hizo soñar con ella. Estaba yo de administrador del Teatro Cuba, sentado en el escritorio leyendo las cartas mientras funcionaba el cine. Me digo, ¿por qué esta muchacha no se deja ver? Llegué a enamorarme de verdad. Se me ocurren unos versos y me pongo a escribirlos:

"He soñado contigo
y te he visto en mis sueños
adorable risueña como un rayo de luz
había gloria en tus ojos/había gloria en tu boca
había luz en tus ojos
y la luz de tu cuerpo se filtraba en mi alma
con tal embrujamiento/con tan suave fulgor
que esa luz misteriosa…"

..... qué sé yo, se me ha olvidado. Leo los versos y salían con música que tarareaba mentalmente. Ay, he hecho una canción. Era en la época del cine silente. Al frente de la orquesta estaba el maestro Rafael Morales que fue pianista del Teatro Encanto, gran amigo mío, una persona de mucho talento. Adaptaba la música a las películas. El primer violín era Chepín [Electo Rosell]. Yo lo quiero mucho y le estoy muy agradecido, amigo mío de toda la vida.

Llega Chepín a mi oficina y me dice "iba a hablar contigo". "Mira chico, llegas a propósito. Fíjate en esto. Me he puesto a escribir unos versos a Gilma y me han salido con música". Dice, "no fastidies, chico. Te vas a volver loco por Gilma" porque todo el mundo hablaba de esos amores románticos desde un periódico, realmente enamorado. Se la canto y dice Chepín "óyeme, eso es una criolla perfecta".

Fue a buscar papel pautado para copiarla y me dijo "cántala", como sé música se la canté. "La vamos a instrumentar entre Moralitos y yo para estrenarla en la tanda elegante del domingo que viene, por la mañana, después de la misa de las diez de la Iglesia de Dolores" a la que iba lo mejor de Santiago de Cuba, la alta sociedad, y al salir de la iglesia se iban a la tanda del domingo.

Bueno, la instrumentan, publiqué la poesía y le digo a Gilma: "Me has hecho músico. Se va a estrenar el domingo próximo, ojalá que puedas estar presente." Aquello fue una revolución. El doctor Ramón Miyar me estrenó la canción. Era joven y luego se hizo abogado. Tenía una lindísima voz de barítono, preciosa. Se publicó la letra por si el público quería cantarla. El lleno fue absoluto. Lo confieso: mi emoción fue tan grande que cuando oí mi primera canción cantada en público, muy bien cantada, con una magnífica orquesta, me eché a llorar como un niño. No se me olvida nunca eso. Mira que hacía años que no lloraba y lloré. Al día siguiente carta de Gilma. Había venido de Bayamo y asistido a la función. Estuvo allí y yo no la conocía. Dice que pasó cerca de mí y me sonrió. El romance siguió, ya Félix Caignet era compositor, me sentía tan orgulloso.

Feliz, Félix

Antes yo era más que Félix, Feliz, y ahora soy Félix, aunque no soy amargado. Yo no quiero ser un viejo amargado en el país del azúcar. Es un contrasentido. Y a pesar de estar el azúcar racionado, yo le he echado puñados de azúcar a mi vejez para no ser un amargado. No dejes de querer nunca en la vida aunque te haga mucho mal, aunque te odien, ama tú, que es un tónico para seguir viviendo.

Amo la vida, amo a mis semejantes, no sé odiar. La prueba está en que tengo una canción que se llama Te odio, que dice "y sin embargo te quiero". Nada, nada. Cumplir con mi deber y lo que me mandaban mi corazón y mi cerebro. ¿Ves como se me ha relegado al olvido? Tú no sabes los desaires que he recibido yo.

El director de Cultura, un señor al que no tengo el gusto de conocer. Le escribí una carta, entonces yo estaba completamente ciego, ahora estoy mejor después de operarme. Primero me operé en Boston y después aquí. Le mandé una carta a ese señor, Luis Pavón Tamayo, le suplicaba una entrevista porque yo quería tener una charla con el Departamento de Cultura de mi país, porque yo tengo un archivo tan valioso como el que tengo, no sólo de obras mías, un archivo internacional, tanto en música como en literatura. Y le mando la carta y dos o tres días después me manda una carta la secretaria de Pavón, me dice de parte del señor que si usted puede recibirlo el martes, le digo cómo no, ya lo creo que sí, mi casa está abierta como mis brazos, de par en par, lo considero amigo ahora que ha tenido ese gesto, que lo espero, bueno, el martes él va a su casa.

Mi sobrina Cuca prepara una merienda maravillosa, se preparó la mesa muy bonita. Él quedó de venir a las tres de la tarde. Tres años han pasado, todavía lo estoy esperando. Un desaire que no tiene nombre. Nada. En días pasados, cuando nombraron a este señor, Nivaldo Herrera, director del ICRT, le escribo una carta poniéndome a su disposición, y que yo a pesar de mi edad tenía veinte años en el espíritu, este señor no me contestó. Pasan cuatro meses, me llama Conchita, la secretaria, y me dice, "Caignet, dice Nivaldo que si usted puede recibirlo ahora mismo" y le digo que sí, hace cuatro meses lo estoy esperando.

Y llega Nivaldo Herrera con Antonio Hernández que trabajó conmigo en Ángeles de la calle, hacía el "Fosforito". Viene Nivaldo y empezamos a conversar, suena el teléfono, era Conchita. "¿Está Nivaldo ahí, Caignet? Dígale que se ponga". Habla con Conchita y de pronto me dice: "Caignet me tengo que ir a una reunión urgentísima, mi presencia es indispensable". Quince minutos estuvo aquí, no pudimos hablar absolutamente nada, de esto hace cuatro o cinco meses. "Yo volveré por aquí".

Lo que la vida me ha debido se lo he cobrado

Yo fui un triunfador, no me puedo quejar de la vida. Nunca he fracasado, jamás. He luchado tanto. Le he cobrado a la vida un interés por todo lo que la vida me ha debido y no me dio. Como un garrotero, cobrarle un interés crecido, a un 100% le cobré a la vida. Porque todo lo que quise tener lo he tenido. Y para sentirme más satisfecho, he tenido muchos enemigos gratuitos. Un individuo que ha tenido como vicio hacer el bien por el placer de hacer el bien. Soy un poco radiólogo-filósofo. Le hice un día una radiografía a la envidia para verla por dentro. Ah, pero si no es un enemigo mío, es un admirador. La envidia es admirar con rabia. Nunca me ha atormentado eso.

Del estilo picúo

A mis enemigos no les gusta como yo escribo y, total, es porque yo he empleado mucho lo que creí necesario en mi estilo para escribir novelas, yo escribía para los más, para ayudar a vender jabones y esas cosas, tenía que hacerlo, aprovechaba ese surco abonado que es la emoción.

Dicen que El derecho de nacer es muy picúo, muy picúo.

Siempre escribo para el pueblo, no para los intelectuales. No soportaría en la vida ser intelectual, soy un individuo que se para recto como un machete. Qué va, sé natural, mira a tu alrededor y no pienses en sangre azul que tú no estás en el mundo azul.

El que está a tu lado, quiérelo, no por su color, ni por su dinero, ni por nada. Sí, mis novelas eran picúas, pero tenían un rating más grande que todas las demás. Y un día lo dije: "¿quién no ha sido picúo algún día en la vida?" Sobre todo en la juventud. Cuando uno dice por primera vez en la vida: "te quiero", lo dice con un picuísmo…

Las grandes firmas, los grandes escritores, los encuentras picúos. José Zorrilla, ¿habrá versos más hermosos que los suyos? ¿Habrá algo más picúo que Don Juan Tenorio? Aquel hombre de unos bigotazos enormes, un hombre valiente de capa y espada, arrodillado delante de un sofá donde estaba sentada

Doña Inés, "no es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla…",

bueno, de unos bigotes de manubrio de bicicleta, arrodillado, recitándole a Doña Inés, eso es picuísmo. Alejandro Dumas, hijo. ¿Habrá picuísmo más grande que el de La dama de las camelias? Un solo de tos en cuatro tomos. Y se siguió poniendo. A mí me gusta mucho jugar con la experiencia, ¿sabe?

El derecho de nacer

Nunca me dejé influenciar por ningún empresario. Yo escribo pero no al dictado. Nunca he escrito una novela completa, jamás, escribía dos o tres capítulos de cada novela que quería transmitir por la radio.

Tenía escritos tres capítulos de El derecho de nacer, se los llevé a Amado Trinidad [dueño de la emisora] para ponerlos en Cadena Azul. El que estaba al frente de los programas era Jesús Alvariño y entonces se los di. Me dice Amado, "dáselos a Jesús para que los revise". Yo necesitaba trabajar, estaba sin trabajo y le digo a Jesús: "Chico, acábame de ver la novela que te he traído".

Dice: Mira, chico, yo estoy tan ocupado, explícame qué es lo que tú quieres" y le digo "hasta ahora lo que tengo es lo que está escrito ahí, que es un hombre que no iba a nacer, un hombre que iba a ser abortado. Ése es el prólogo y la muchacha, una muchacha de la alta sociedad va a pedirle a un médico que la haga abortar, que no quiere tener ese hijo. Entonces el médico le dice que de ninguna manera, que el aborto es un asesinato y hay el derecho de nacer". El prólogo dura dos días por radio, sabe. Entonces le digo cómo se llama. "Ah", dice Alvariño, "eso no va a gustar". "Dame acá", le digo yo, dámela acá si no te interesa". Y, efectivamente, me llevé la novela y en eso Goar Mestre se metió a director general de CMQ.

Era muy amigo mío, él y toda su familia, sus padres y todos amigos de mis padres, pero amigos de verdad, y le gusta el asunto. Me dice: "Mira, me gusta para Kresto así que vamos a prepararla, prepárala y dámela". Pero yo le digo que no escribo novelas ya hechas, que le doy el comienzo de la novela, según se va radiando voy consultando al público, me voy a los solares, me voy a las cuarterías ésas, a los solares o casas de vecindad, me voy al mercado y oigo lo que dice el público, le pregunto de la novela como si fuera un empleado del "survey" y veo la opinión que tienen y eso me sirve de mucho.

Me convenía muchísimo y me daba muy buen resultado. Era más desconocido que el soldado y me iba con mi camisita por fuera, modestamente, con una libretica y un lápiz para que me confundieran con un agente de "survey".

Dice Mestre, "bueno, haz lo que te dé la gana". Y, efectivamente, se empieza a radiar El derecho de nacer con éxito. Goar me dijo, "si tú logras mejorar el "rating" de CMQ yéndote arriba de La novela del aire, si llegas a ponerla en la cuarta parte del "rating" que tiene la Cadena Azul…" La de Caridad Bravo Adams era el programa más oído de novelas en Cuba, el espacio más oído, óyeme, la CMQ estaba muerta a esa hora, todo el "rating" lo tenía hacía años Caridad Bravo Adams.

"Si me das la cuarta parte del "rating" el primer mes, te regalo el automóvil que tú quieras, de la marca que tú quieras". Eso fue en el cuarenta y ocho. Y sale El derecho de nacer y se hizo un "survey" al poco tiempo y estaba por encima de La novela del aire.

El prólogo lo hicieron en México Dolores del Río y Manolo Fábregas. Primera vez que Dolores del Río trabajaba en radio porque ella era muy amiga mía, se prestó a hacer el prólogo, lo tengo grabado en un disco. En México mismo hay un caso. Al principio de ponerse la novela había una muchacha humilde, ya ella lo tenía todo preparado para abortar la criatura, era sirvienta de la casa de una famosa actriz, llevaba una criatura de un individuo de alta posición que había abusado de la pobre muchacha ésta y ella se vio muy pobre, de origen humilde y de profesión humilde, un niño era para ella una carga y todo lo tenía dispuesto para abortar la criatura, tenía dos meses de embarazo.

Oye el prólogo donde yo defiendo la natalidad y combato el aborto y dijo: "Éste no me lo saca nadie de aquí, nada más que Dios cuando yo vaya a dar a luz". Y nació el niño, le pusieron por nombre Félix Alberto, Félix por mí y Alberto por el personaje Albertico Limonta, el que no iba a nacer. La madre orgullosísima de tener a ese hijo que ella iba a malograr pero que influenciada por mi novela el niño nació.

Fui el padrino y Fedora Capdevila, que había sido la Mamá Dolores en México por radio, la madrina. Hizo una magnífica Mamá Dolores. El día que bautizamos al niño ella caracterizó a Mamá Dolores, se pintó de negro, se puso el traje y fuimos a la iglesia. Estaba llena de todos los artistas de cine, de compañeros nuestros y cuando llegamos allí que el cura la vio, dice: "Pero usted está pintada, usted es la madrina y está pintada". Y dice ella remedando a la Mamá Dolores [imita el tono]: "Sí, señor cura, yo soy Mamá…ete’ niñito e’ ‘Albeltico’ Limonta". Dice el cura: "Ah, pero si usted es Mamá…la de la novela que yo estoy oyendo".

Le dio un abrazo. Pues este niño está de un momento a otro a punto de graduarse de médico…El regalo de bautismo, los patrocinadores por radio de El derecho eran los Bonos del Ahorro Nacional de México y le di dos bonos de cien pesos capitalizables para que se pagara los estudios. Con tanta suerte, porque eso se va capitalizando por medio de sorteos aparte del tiempo y no sé qué cantidad de sorteos salieron premiados.

En Brasil, que es un país que yo adoro, porque es un país que hay que quererlo, allí mi novela se ha puesto no sé cuántas veces y después que se puso la novela por primera vez yo fui. Estaba de presidente Getulio Vargas y yo tuve la oportunidad de conocer la faceta más hermosa de él, no el político, el hombre todo bondad, todo dulzura, simpatía. Me leyó poemas, tenía predilección por sus amigos artistas.

Era amigo de Pedro Vargas, de Fernando Albuerne, de todos los artistas que pasaban por allí. Los invitaba a pasar fines de semana en su residencia de descanso y entre ellos estuve yo. Me invitó a pasar el fin de semana en su hacienda y allí fue el bautizo de veinte y ocho niños blancos, negros, mulatos, japonesitos, había muchos en Brasil. Los niños llevaban nombres de personajes de la novela, niñas que se llamaban Isabel Cristina, otras María Elena, otras María Dolores, otros Jorge Luis, Rafael y así, con nombres de personajes. Fue una cosa emocionante ese bautizo, más barato por docena, veinte y ocho se bautizaron allí en la finca. Trescientos cincuenta y ocho ahijados tengo en toda América.

Después de que se filmó la película sobre El derecho, Gloria Marín me regaló una sortija que era una belleza, con una turquesa que cambiaba de color. Se ha puesto en Japón también, en todos los países.

Hice una compañía de películas, hicimos nueve en Cu-Mex con novelas mías, yo era el presidente.

Invención del narrador enamorado de la radio

Soy un enamorado de la radio, me gusta más que la televisión. Con la radio y la televisión pasa una cosa muy curiosa, lo que pasa en gran parte entre seres humanos.

Nació la radio con éxitos enormes, enormes, y los empresarios la querían mucho, era la esposa, la publicidad a los espectáculos, cuidado a los espectáculos radiales, ay, así años tras años, y la esposa leal dándole buenos servicios a la humanidad, pero llega la amante, la jovencita, la TV y el esposo abandona a su esposa y llena de gloria y de atenciones a la querida, eh, a la amante, a la TV.

Pero sigue ahí la radio y seguirá, porque es el espectáculo que tiene la suerte de tener al oyente como cooperador. Una novela, vamos a poner un ejemplo. Está el público oyendo y están individuos cultos oyendo, personas analfabetas y están oyendo, y hay un narrador, que sabes que el narrador fue inventado por mí.

Las novelas no tienen éxito porque tengan un gran narrador, lo tienen por su trama.

Cuando yo llegué a Buenos Aires para hacer Chan Li Po allá se hacían los espectáculos pero ninguno con narrador. Aquí el narrador era Carlos Badía, allá era un argentino. Aunque duró poco tiempo en el aire, porque suprimieron Chan Li Po y todos los espectáculos detectivescos.

Ocurrió un caso de sangre en la familia del presidente de la república, el doctor [Roberto M.] Ortiz [Lizardi] y mataron a una parienta suya. El esposo la mató por infidelidad y fue un escándalo. Había un programa que era como la Guantanamera en Cuba en Radio Belgrano de Buenos Aires, el hecho del día lo escenificaba, los hechos de sangre. Y lo escenificado en este caso era una sobrina del presidente. Se escenificó la tragedia esa presidencial. ¿Qué hicieron? El gobierno prohibió todo espectáculo, para que no fuera ese solamente, detectivesco y ahí estaba Chan Li Po que empezaba a triunfar, ¿eh?, pues se acabó y Chan Li Po llevaba el narrador.

Aquí tampoco había el narrador. El creador del narrador en las radionovelas es Félix B. Caignet. Empecé con Chan Li Po. En todo el hemisferio no se narraban las novelas, no había un narrador para darle más fuerza a la obra radiada. Yo le doy al oyente el pie forzado para que tenga la oportunidad de crear el personaje a su manera. La prueba la tiene que aquí en uno de los espectáculos que más se oía antes de venir Chan Li Po era la comedia de 0’Shea, Radiodifusión O’Shea, que tenía a Pilar Bermúdez y a Marcelo Agudo. En La Habana hacían adaptaciones de obras de teatrales o de novelas, era lo que se ponía. Los conciertos se hacían, los mejorcitos eran los de Gonzalo Roig con su banda y los del maestro Luis Casas Romero. Chan Li Po salió en Santiago de Cuba interpretado por Aníbal de Mar, patrocinado por el cigarrillo Edén.

Yo estimo que el narrador viene siendo, en la radio, el escenógrafo, el attrezzista, el de utilería, todo eso lo tiene, todo lo describe el narrador. Es un espectáculo para ser visto por los oídos. A los actores mismos los sitúa. Siempre pensé: debe ser una cosa extraordinariamente curiosa hacer una investigación de oyentes, a ver si todos coinciden en imaginarse a los personajes como los describe el narrador en la radio. En mi técnica de autor el público se entera de toda la trama, sabe la verdad de todo, pero él que no lo sabe es el personaje.

El público lo que desea saber es ver la reacción del personaje cuando se entera de lo que ya es evidente para los otros, ése es el interés que tiene, [por ejemplo] fulana me dijo:

"¿qué pasará cuando María Elena [madre de Alberto Limonta en El derecho de nacer] sepa que ése es su hijo?" El día en que la editorial de aquí quiera publicar El derecho, acaba, porque la petición es enorme. Con decirle que es de la época en que yo era rico.

Cuando Selecciones compró la edición me dieron $350,000.00 dólares.

Naturalismo, todo eso lo he tocado yo en mis novelas. Miguel de Carrión fue un individuo que si no en carne propia, puso, todo lo que escribió lo había vivido mentalmente, un individuo que respondía al eco emotivo de lo que iba viendo en la vida.

Arquitecto de sueños

Hice una casa en Santa María del Mar. Mi piscina era un sueño, ya yo tenía práctica de arquitecto porque había hecho muchos castillos en el aire, sabe, era arquitecto de sueños. Cuando empecé a tener éxitos metálicos y artísticos, de todo, me puse de arquitecto pegado a la tierra e hice mi casa que es un sueño convertido en realidad.

Tiene ocho habitaciones y seis baños. La piscina tenía música debajo del agua. La casa me costó $130,000.00 dólares y amueblarla $10,000.00. La gocé pero ahora me han robado ahí bárbaramente, se la he prestado a unos amigos y lo que han hecho es robarme muebles y todas esas cosas. Actualmente hay un doctor y aquella casa maravillosa, al borde del valle, tiene unas terrazas de sueño, todo granito, Ave María.

Todos los artistas estaban allí siempre. Cuando vino Bing Crosby se pasó tres días. Mi casa era una especie de círculo de artistas.

Iba Libertad Lamarque, que se pasaba una semana. Les di una fiesta a Errol Flynn y a Pedro Armendáriz, los dos han muerto, los pobres, una fiesta nocturna porque estaban filmando aquí y se dio una fiesta maravillosa en mi casa. Errol Flynn era de una simpatía extraordinaria, hablaba un castellano chapurreado, sentía mucha admiración por Fidel Castro, iba a menudo por mi casa.

Se había aprendido de memoria, en su español malo, todas las malas palabras y las palabrerías del vocabulario populachero cubano. Las decía con una gracia las malas palabras, era graciosísimo. Murió, como supongo yo quería haber muerto, en plena juventud, en plena fiesta porque fue como murió él.

Ahí era adonde iba mi amigo Camilo Cienfuegos, era amigo mío. Desde que él tenía catorce años iba a mi casa. Ahí tengo una carta de Camilo cuando él estaba en la Sierra Maestra. Cuando vino él de la sierra se iba todos los jueves a mi casa de Santa María del Mar para descansar, no le decía a nadie adónde iba. Eligió los jueves porque ése era el día en que no había visitas en mi casa. Era como un restaurante de todos mis amigos, de todos los "pollos", de las modelos, mujeres lindísimas se bañaban en la piscina que tenía música por vibración pero indirecta, en toda la casa, todos los muebles.

Yo nunca me bañé en la piscina, no me gusta, me gusta nadar en la ducha. Se me metió en la cabeza hacer una cascada que fuera como natural, se rompieron muchísimas piedras. Hice una cascada natural y por medio de una turbina entraba y salía el agua constantemente, caía en cascadas con "spotlights" de distintos colores, azul para el agua, me eché a volar, le puse alas al cóndor de mi fantasía. Vinieron unas americanitas que eran manzanas nadadoras, qué caritas más lindas, qué frescura. Se hizo un show acuático y sacaron una película en colores.

Probablemente le venda la casa al gobierno. Hace como siete años que no voy allí. Es horrible lo que han hecho allí, está la casa bellísima y según tengo entendido el gobierno la quiere como una casa de protocolo. Ya yo viví esa casa y creo que todo en la vida tiene su época, yo fui feliz ahí. Como ser humano estoy convencido que eterno es el talento, algo que queda, eso es una vida eterna, la vida eterna de Beethoven, de Mozart, de San Martín, de Maceo, de Céspedes, con sus hazañas.

Porque para nosotros los cubanos nuestros próceres son eternos, mientras se les recuerde están vivos, muertos están los olvidados, porque no tienen quién los recuerde. Quien deje una obra hecha o una huella, esos sí que están vivos siempre. Y ya te digo, ahí surgió todo esto que te he explicado un poco atropelladamente.

N.E. El 25 de mayo de 1976 muere en la capital cubana y sus restos descansan desde 1992 en el cementerio del poblado santiaguero que tanto lo sedujo y que lo vio crecer, aunque naciera en San Luís, otro hermoso sitio de la provincia suroriental.


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