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| El Veraz. | San Juan, Puerto Rico |

1976: Pase de Lista

Por Jorge Felix
Editor del Semanario "El Veraz"
Fragmentos de la Novela "Desde la Penumbra"

En la carpintería de la escuela de medicina, hacía los juguetes, de su hermanito. Cogía cualquier pedazo de madera y se ponía a trabajar.

¡Lo contento, que se ponía cuando le llevaba un carrito!- pensó- Se le alumbraba la cara, los ojos, todo, su cara era un poema.

Todos los fines de semana, cuando iba a la casa, le tenía que llevar algo. Los sábados, el niño no se movía de la ventana del último cuarto.

Cuando veía que venía por la calle, salía corriendo, a abrazarlo y a darle muchos besos. Enseguida después le preguntaba lo mismo de todos los sábados: ¿Qué me trajiste?

Sonrió al recordar su cara. Ya este carrito, lo estaba terminando. Con él, el niño fue por primera vez al Cine. Cuando se sentó, en la sala oscura, sus ojos no podían estar más grandes.

Era una película rusa, pero trataba de unos niños que trabajaban en un circo. Habían elefantes, tigres, leones, caballos y todo el tiempo decía: ¡Mira eso!... ¡Qué bárbaro!, Oye el león por nada se come al niño.

El se reía, por la cara que ponía él, su cara, mostraba todas las manifestaciones en formas muy marcadas, inocencia, tristezas, alegrías, miedos, era para filmarlo.

Cuando salió del cine, lo único que le preocupaba era si la niña y el niño no se habían casado.

En la casa, se pasaba el día, jugando con él. Lo mismo se lo montaba en los hombros y salía a correr por el parque o se los subía en los pies y se ponían a bailar, que se ponía a jugar a la pelota o simplemente, le dibujaba un caballo en un cartón, para que él lo recortara y se pusiera a jugar con él, por todo el piso, como si fuera de verdad.

Muchas veces, cuando se encontraba con cualquier muchacha, él decía que el niño era su hijo y entonces las muchachas se fijaban más en él. Hasta que lo descubrían y se morían de la risa.

Pero había conocido a la muchacha de su vida. Margarita, como le había gustado. La conoció en Manzanillo, cuando fue de vacaciones. Tenía una sonrisa bellísima. Era de ese tipo de muchachas, bonita, flaca, pero con unos senos inmensos, algo realmente muy raro. Pero lo tenía loco.

Tan es así, que cuando lo invitó a su casa en el mismo campo, no le había importado que viviera tan mal. Vivía cerca de Campechuela, en un lugar llamado Ceiba Hueca, en el medio del monte, mejor dicho encima del monte.

Había subido por todo el trillo, no había ni caminos, solo se subía a caballo. Pero él llegó a pie a la casa, todo enfangado, hasta las rodillas.

La casa, era un bohío, pero a él, no le importaba eso, no era de las personas que calculaban, no le importaba, donde viviera la mujer, de la cual se enamorara. Los padres habían sido amables, en fin, toda la familia era humilde, pero con un corazón tan grande como la tierra. Eran puros campesinos, vivían de lo que sembraban.

Estaban tan enamorados, que ella, fue para la casa de una tía, que vivía en la Habana, para estar cerca de el. La visitaba tres veces por semana. Pero lo más simpático fue cuando ella fue a su casa, por primera vez. De hecho él, había sido el primero de los hermanos en traer a una novia a la casa.

Todo el mundo, se sorprendió, de lo natural, que vino ella y le dio un beso a él, en la boca. Todos sus hermanos se morían de envidia.

La tía de ella, era sumamente, sería. Decía, que cuando se iba la luz no podía haber visitas. El se pasaba rezando todo el día para que la luz no se fuera. Pero cuando se iba, seguía rezando para que viniera lo antes posible.

Cuando la visitaba, la tía no se movía de la sala. Era un sapo, un verdadero sapo. Solo podían aprovechar, cuando se quedaba dormida en el sillón.

Recordó el día que se pusieron de acuerdo, para encontrarse en el cine, una vez que terminaran las clases. Pero desgraciadamente, en el último turno de clases, había llegado el Profesor de Anatomía, que además era el Secretario del Partido de la Facultad, para informar que todos los alumnos, tenían que participar, después de ese turno, en una manifestación que se iba a organizar.

Ese profesor era el peor hijo de puta, de todos los hijos de putas que habían en la Escuela de Medicina. Él, sin quererlo, se lo había echado de enemigo, solo porque muchas veces, lo hizo quedar en ridículo, en las clases, cuando explicaba cualquier tema y el se daba cuenta que no lo dominaba.

Todas las semanas inventaban una manifestación, por cualquier cosa. Pero había decidido, que su novia, que lo estaba esperando, no podía quedarse allí embarcada. Había asistido a algunas manifestaciones, sobre todo, a las del primero de mayo, en la que no había justificación para no asistir. Específicamente a esas, no se podía faltar, con la excepción, que se trajera un certificado médico, que demostrara que se había estado enfermo ese día.

Se habían copiado, de las manifestaciones del primero de mayo que se hacían en la Unión Soviética y otros países socialistas. Era una táctica, para demostrar al mundo, que el pueblo, apoyaba el gobierno.

Pero nadie, en el mundo, se imaginaba, lo que había detrás de esas manifestaciones, que nunca han sido voluntarias, para la inmensa mayoría de la población. Pasar por delante, de la tribuna y ver a Fidel Castro, Raúl y otros miembros del gobierno, levantando la mano, saludando, a los carneros, era algo trágico, cómico. Ellos solo perseguían una cosa, exportar la mentira.

Por eso, cuando estuvo a punto de empezar la manifestación, el Profesor empezó a pasar la lista. Todos estaban formados, en plena calle. Cuando mencionaron su nombre, enseguida levantó la mano. Ahora, solo tenía que esperar a que cuando comenzara el desfile, disimuladamente irse alejando del grupo y dirigirse para el cine, donde Margarita lo estaba esperando. Así lo hizo. Cuando se alejo a determinada distancia, dobló por una cuadra y se mandó a correr.

Por fin llegó quince minutos después, que habían acordado, pero ella estaba allí en el Parque Central. Entraron al cine Payret, pero desde luego que la película aquella, no le interesaba. Se fueron para la banda derecha de los últimos asientos del cine. Por fin, por fin podían besarse, como les diera la gana. Y estaba loco por besarles sus senos, tan terriblemente grandes. Pudieron disfrutarse en grande. Solo besos, solo abrazos y como decía ella:

- ¡Solo de la cintura para arriba!

Pero mientras trabajaba fuertemente por arriba y que ella estaba a punto de estallar, el disimuladamente, como si estuviera desactivando una dinamita, se zafó los botones del pantalón y sacó aquello, muy lentamente sin que ella se diera cuenta.

Ella lo abrazaba encendida, mientras lo besaba. Cogió la mano de ella, muy lentamente, la bajó hasta situarla encima de aquello. El susto, no evitó que ella le perdonara, aquella diablura de él.

Se siguieron besando, hasta el punto que parecía que se iban a tragar. Se lo acariciaba, como nunca se lo habían hecho. La verdad que nunca nadie se lo había hecho. A pesar que lo arañaba un poco, tuvo que enseñarle como le resultaba más cómodo. Por fin, para ella había sido una sorpresa total, era la primera vez, que tenía aquello en la mano. Era, la primera vez que había hecho aquello y recibio su premio.

Al otro día, cuando llegó a la Escuela de Medicina, se encontró, con la noticia, de que el profesor había pasado la lista de nuevo, cuando terminó la manifestación. Que había dicho delante de todo el grupo, que esa burla le iba a costar caro al alumno Andrés.

Inmediatamente después se encontró con el profesor en el pasillo:

- A usted, Señor Andrés, le va a costar caro, el haberse ido de la manifestación. Hoy a las nueve de la mañana, he pedido una reunión con el consejo de dirección para analizar su actitud.

- Pero Profesor, si yo no he hecho nada.

- ¿Cómo que nada? Usted no asistió a una actividad, a la que, como revolucionario debía de haber asistido. Y ya nos hemos dado cuenta, de su apatía por las tareas de la revolución. No es la primera vez, que usted hace eso. Hemos averiguado entre los estudiantes y no es la primera vez que lo hace. Dígame, usted ¿se piensa que la revolución está dormida en los laureles? ¿Pensó que nadie se daba cuenta? Pues se equivocó. Lo hemos averiguado todo, usted nunca se manifiesta, usted sencillamente es de los solapados. Y en este país hay que ser firmes, contra cualquier manifestación de apatía.

Inmediatamente después de eso, se hizo la reunión. El no sabía que decir, sencillamente, no le dejaban hablar. Aquello se convirtió en una jauría humana, bajo la batuta del profesor y secretario del partido. Le dijeron gusano, que tenía problemas ideológicos, que la Universidad era para los revolucionarios. Leyeron la opinión del secretario de la juventud del grupo. En fin que estaba listo para ser expulsado de la Universidad. Y así lo hicieron.

Cuando llegó a la casa, no sabía que decir: Todavía no se imaginaba, no sabía que había pasado. Aun no comprendía nada, aunque lo tuviera de frente. Había entrado por la puerta y al verlo la madre le preguntó:

- ¿Qué te pasa?

- No, nada.

- Cómo que nada, con esa cara que tienes. ¿Qué te ha pasado? Explícame.

Se sentó y mirándose las manos, con la vista baja le dijo:
- Me botaron de la Universidad – le dijo sin levantar la vista

El grito de la madre, se pudo oír en toda la casa:

- ¿Como? ... ¿en qué te has metido?- Le dio un bofetón allí mismo- ¿Qué hiciste? Dime ¿Qué hiciste? Porque te voy a entrar a golpes, ahora mismo.

Él llorando, le pidió que se calmara, para poderle explicar. Por fin después de mucho tratar, logró contarle, todo lo que había pasado.

La madre, después de haberlo escuchado, se puso las manos en la cara y comenzó a llorar.

- Dios mío, ay Dios mío, que no hay tregua con nosotros. Primero, tu hermano y ahora tu. Qué desgracia Dios mío. Nosotros no nos merecemos eso. Es injusto, Dios mío, es injusto.

- Mami, cálmate. Yo voy a apelar, Mami. No te pongas así. Yo no he hecho nada malo.

- Dios mío, cuando se enteré tu padre, va a poner el grito en el cielo.

- Mami, por favor no se lo digas, por favor.

- Estás loco, qué podemos hacer, es mejor que se enteré ahora, porque después será peor.

Los hermanos fueron llegando y se fueron enterando a medida que llegaban. Se había hecho un silencio, sepulcral. Solo faltaba una persona en la casa, que entraba en esos momentos por la puerta. Cuando llegó al comedor, miró para todos los presentes.

- ¿Quién es el muerto? ¡Esto parece un velorio!- dijo el padre

- Viejo, siéntate, que quiero, explicarte lo que ha pasado- le pidió la madre.

El viejo se sentó en su sillón. Escuchó con mucha calma todo el tiempo, sin preguntar absolutamente nada. Cuando se le contó todo, con lujo de detalles, se recostó hacia atrás, mirando hacia el techo. El silencio era total. Estuvo en esa posición largo tiempo. Por fin bajó la vista.

- ¿Que vamos a hacer viejo?- preguntó la madre.

- Ya se lo que tengo que hacer, me voy a poner el mejor traje que tengo y voy a ir a la Universidad muy calmadamente. El profesor ese, se va a imaginar, que soy otro médico. Cuando me dé la mano - en ese momento se puso rojo de ira- le voy a meter una puñalada en el medio del corazón.

Tremendo alboroto que se formó en la casa, el viejo tratando de levantarse del sillón, todo el mundo aguantándolo, los gritos, las súplicas, el llanto de los muchachos. Hasta que por fin la madre le gritó:

- La culpa la tienes tu, por hablarles como le hablas, hablandole mal del gobierno todo el tiempo. Dime, hablándole así, adonde tu crees que llegarán. Todo lo que dices, es verdad, pero dime que logras con eso. No pueden hacer nada, son muchachos. Aquí todo el mundo sabe lo que está pasando y nadie hace nada. Todo es mentira, lo sabemos. Pero por qué ellos.

- Y que quieres, que sean unos carneros, como todos los demás.

- No, no quiero eso, no. Pero no quiero, que vayan a la cárcel, no quiero que se le tronchen sus vidas. No pueden hacer nada. Cada cual, está solo, nadie hace nada. Como tu crees que puedan hacer algo, si tu no pudiste hacerlo. Ahora ya no tiene remedio.

- Pero cojones, algo hay que hacer. Algo, por mínimo que sea - dijo el padre

- Nada se puede hacer nada. Lo único que pueden hacer es, no convertirse en hijos de putas, en no volverse unos chivatos, como tantos hay, en no pasar por encima del otro. En tratar de ser lo más sincero posible, la honestidad y la revolución son dos paralelas que nunca se cruzan. Solo quiero eso, los quiero a mi lado, los quiero ver crecer lo mejor posible. No quiero, que se vayan en un bote y que después los cojan y los metan presos.

- Ni cojones, de aquí no nos vamos. Que se vayan ellos. Que se vayan en el mismo yate Granma que vinieron, que se vayan en ese mismo yate de mierda – dijo el padre


Ahora, al recordarlo todo de nuevo, no sabía en que iba a parar todo aquello. Habían pasado cuatro meses, desde que lo habían expulsado de la Universidad. Su padre había llenado el último cuarto, de santos. Estaban impotentes. Rezaban todo los días.

Durante todo ese tiempo él, no dejó de ir a la Universidad, aunque no pudiera entrar a las aulas. Se metía en la biblioteca y estudiaba por los libros, durante toda la mañana y parte de la tarde. Había hecho la apelación y el proceso había sido largo. Tendría la reunión al otro día. Ahora en la carpintería, había terminado el carrito de su hermanito.

De nuevo, las mismas personas que lo habían condenado, pero tenía esperanzas, ahora que el flamante profesor de Anatomía y Secretario del partido en la facultad, había sido expulsado de la Universidad por conducta homosexual.

El profesor, no era más que un tornillo de esa gran maquinaria represiva que había creado el gobierno. La fuerza de esa misma maquinaria había hecho que ese tornillo saltara y fuera aplastado por esa misma fuerza con que andaba la maquinaria.

La reunión fue larga, plantearon que el castigo había sido ejemplar, que se le iba a dar una última oportunidad. Que el año siguiente podía comenzar de nuevo ese curso.

Él pidió, que le permitieran, hacer los exámenes de fin de curso.

Los allí reunidos se miraron unos a otros. Uno planteó, que sería un intento infructuoso, ya que había perdido, cuatro meses de clases del semestre, suficientes para no poder defender los exámenes, por falta de conocimientos. Inmediatamente después le ordenaron que saliera, para poder tomar una decisión.

Por fin, luego de analizarlo todo, decidieron permitirle defender los exámenes. Llegaron a la conclusión, que caería por su propio peso, que irremediablemente suspendería.

Estaba sentado en el pasillo, le sudaban las manos, tenía gran incertidumbre. Le pedía a Dios, que lo ayudara. Cuando le informaron de la decisión, sintió el alivio más grande de su vida.

Cuando llegaron los exámenes, logró defenderlos todos, con notas de sobresaliente


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