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| El Veraz. | San Juan, Puerto Rico |
La educación en Cuba: Pilar de la represión. Parte I

Por Graciella Cruz-Taura

Después del colapso del mundo soviético, el sistema educativo cubano enfrenta la disminución de los recursos, la ambigüedad ideológica y una situación laboral incapaz de dar cabida a los egresados de las áreas científicas, los mismos que habían sido presentados por la Revolución como uno de sus mayores logros y como la piedra fundamental de su legitimidad. Este sistema educativo, diseñado para servir a la ideología marxista-leninista y al estado monopartidista, falla en la calidad general de la instrucción y en la relación costoefectividad, aspectos relacionados con su estructura centralizada y orientada por una ideología. El sistema cubano sufre los efectos de un deficiente liderazgo administrativo, el cual se origina en la consideración del perfil político para la adjudicación de cargos y en una extensa burocratización que contribuye a su ineficacia.

Si Cuba va a transitar pacíficamente hacia una era de globalización y post-comunismo, la filosofía educativa de la Revolución tiene que transformarse para que sirva al individuo legítimamente y con eficacia. A pesar de las limitaciones políticas y económicas, Cuba posee los recursos humanos para rehabilitar desde dentro su sistema educativo. En el momento en que se restauren las libertades civiles y se reciba el apoyo financiero de la comunidad internacional, los maestros cubanos pueden implantar un nuevo sistema de educación.

El presente trabajo describe la estructura del sistema educativo cubano tal como se ha desarrollado a partir de la Revolución de 1959; evalúa el estado de dicho sistema después de cuarenta y cinco años; y hace recomendaciones, teniendo en cuenta la historia de la educación cubana y las metas nacionales así como la experiencia de países de Europa Central y del Este, para un proyecto de transición que libere los planes de estudio escolares de contenidos y limitaciones ideológicas, en concordancia con las aspiraciones de cualquier sociedad abierta y democrática dentro de la tradición occidental.

Resumen de Recomendaciones Generales:

• Mantener el acceso libre y universal a la educación hasta el noveno grado.
• Reforzar la igualdad de oportunidades. Facilitar a los estudiantes que posean las calificaciones necesarias el paso a los niveles secundarios y terciarios independientemente de su raza, sexo, perfil ideológico o religioso.
• Mejorar la calidad de la instrucción. Anular la actual dependencia en sustitutos no entrenados, maestros emergentes y estudiantes-maestros.
• Legalizar las escuelas privadas y las afiliadas a iglesias.
• Liberar los contenidos de ideología y propaganda marxistas, particularmente en lo referido a la historia y la cultura cubanas. Cuba tiene suficientes maestros capacitados que pueden encargarse de la innovación de los textos. Si bien es cierto que muchos han recibido únicamente entrenamiento formal en las metodologías marxistas, con una adecuada apertura a otras perspectivas y filosofías de la enseñanza, los educadores cubanos podrían preparar los textos básicos para que los
estudiantes establezcan relación con ellas y se desarrollen intelectualmente.
• Integrar la educación cívica a todos los niveles escolares. Los contenidos deben promover el conocimiento de las libertades fundamentales y los principios democráticos, el respeto al derecho y a la propiedad ajenos, y la tolerancia. La obra de José Martí puede ser muy útil en este esfuerzo, siempre que se elimine la propaganda que ha sido incorporada a su presentación.
• Promover la educación en computación y los programas de aprendizaje a distancia.
• Desarrollar programas para el entrenamiento de maestros en las áreas aquí mencionadas. Se recomienda comenzar los programas de entrenamiento con cursos para grupos de los mejores maestros cubanos, los que luego entrenarían a todos los docentes.
• Reducir la burocracia.
• Reforzar los estándares profesionales.
• Eliminar las etiquetas políticas en los estudiantes y la facultad.
• Promover la participación de los padres en la educación de sus hijos como meta de una sociedad abierta. Es muy necesaria la restauración de la autoridad paterna sobre el tipo de educación que los padres desean para sus hijos: pública o privada, religiosa o laica, en internados o en el hogar.
• Proporcionar apoyo psicológico a través de seminarios y reuniones en la escuela para discutir temas relacionados con la transición del paternalismo, propio de un sistema totalitario, al enfrentamiento de los riesgos que lleva consigo la toma de decisiones en una sociedad abierta.
• Continuar con los programas de almuerzo escolar, medida que promete una mejor nutrición para los niños y reduce el absentismo de los estudiantes.
• Obtener apoyo de las bibliotecas independientes y de las ONG para reducir el absoluto control gubernamental sobre los asuntos educativos y para mejorar la calidad de los servicios.
• Patrocinar una campaña en los medios de comunicación con el fin promover el valor de una ciudadanía educada y las oportunidades educativas que existen tanto para la población infantil como para los adultos, y de esta manera satisfacer las necesidades de calificación profesional y de empleo de la economía cubana en desarrollo.
• Incluir la educación como un elemento integral en todos los proyectos de reconstrucción nacional para asegurar los fondos necesarios que se destinarán al sistema educativo.
• Designar una Comisión de Supervisión para revisar la idoneidad, ritmo, eficiencia y eficacia de todas las reformas educativas que se emprendan.

La membresía de la Comisión debe ser limitada, pero variada. Es necesario que el sector de la empresa y la industria estén representados, así como especialistas en diversos niveles y áreas educativas.

Condiciones de la Educación en Cuba y Recomendaciones para su Rehabilitación.

La mayoría de las evaluaciones realizadas sobre el estado de la educación cubana siguen llegando a la conclusión de que Cuba es un país pobre y endeudado, con una población altamente educada, especialmente en ciencias exactas y militares. Una década después del colapso del mundo soviético, el orden socialista ha cambiado; el gobierno cubano ha denominado “Período Especial en Tiempo de Paz” a la fase en la que entró a partir de 1991.

El sistema educativo cubano enfrenta la disminución de recursos, la ambigüedad ideológica ante una economía dolarizada por el turismo y la incapacidad de generar los puestos de trabajo y salarios necesarios para insertar a los graduados en áreas científicas, los mismos que han sido presentados a la comunidad internacional como estandarte de los logros de la Revolución y como fundamento de su legitimidad.

Las exigencias de calificación y de trabajadores que demanda la nueva economía global, así como los riesgos y oportunidades que se presentan al individuo en una sociedad abierta, requieren un sistema educativo capaz de proporcionar a los cubanos de todas las edades las herramientas intelectuales y el conocimiento necesarios. Este estudio analiza el estado actual del sistema educativo cubano y hace recomendaciones para la inminente rehabilitación del área.

El caso de Cuba después de 1959 muestra cómo el acceso masivo a las aulas fue posible mientras los recursos gubernamentales se dedicaron a esta tarea y se consiguió movilizar (física y psicológicamente) a la población. Pronto la naturaleza totalitaria del gobierno revolucionario estructuró el sistema educativo de manera que sirviera a sus necesidades ideológicas y sociales, creando un sistema abierto a la masa y cerrado al pensamiento; tal sistema obtuvo resultados durante el tiempo en que Cuba permaneció en el aislado mundo y economía comunistas. La incapacidad para traducir el acceso a la educación en acceso al bienestar individual persigue al gobierno revolucionario, siempre interesado en ganar tiempo. La experiencia cubana indica que la alfabetización colectiva y el acceso masivo a la educación superior, fórmula idealizada por las naciones en desarrollo como panacea universal, no es en sí
misma garantía de desarrollo socio-económico.

A lo largo de sus cuarenta y cinco años de historia, la cúpula revolucionaria cubana ha reconocido ocasionalmente su fracaso para crear un hombre nuevo en una economía autosuficiente. A pesar de los airados comentarios críticos del gobernante cubano Fidel Castro en algunos de sus discursos, el régimen decidió no cambiar de estrategia. Cambiar habría significado perder control. La naturaleza del sistema socialista llevó a disimular los fallos, incluidas las debilidades del aparato educativo, mediante la manipulación de las estadísticas ofrecidas. El sistema educativo parecía ofrecer la posibilidad de crecimiento profesional a cualquier cubano que no cuestionara
su orden, especialmente debido a la presencia de un generoso presupuesto para la educación. Pero, al mismo tiempo, limitaba la preparación profesional a los individuos que no se plegaron a su ideología. Al irse erosionando las condiciones que facilitaron los logros educativos, se han puesto de manifiesto con más claridad las fragilidades del experimento educativo revolucionario.

Actualmente, la sociedad civil y las fuerzas económicas están intentando derribar los muros del totalitarismo. Cuba debe rehabilitar su sistema educativo si quiere mantener el acceso masivo a una educación gratuita y proporcionar oportunidades de desarrollo profesional a una ciudadanía bien informada.

El presente reporte: (1) describe la estructura del sistema educativo cubano tal como se ha desarrollado a partir de la Revolución de 1959; (2) evalúa el estado de este sistema después de cuarenta y cinco años y los cambios que ha comenzado a experimentar mientras hace su ingreso en una era post-totalitaria y se integra a la economía global; y (3) hace recomendaciones para liberar de contenidos ideológicos y de coacciones los planes de estudio escolares, de acuerdo con las aspiraciones de cualquier sociedad abierta y democrática de tradición occidental que valora una ciudadanía educada y comprometida. El reporte toma en cuenta la experiencia de las naciones de Europa del Este que están dedicadas a liberar sus sistemas educativos de la ideología marxista-leninista.

Metodología

Fase 1 – Fuentes Primarias de la Investigación

Con el fin de entender mejor el impacto de la Revolución de 1959 sobre el sistema educativo, revisé la historia de la educación cubana desde la época colonial. Luego, examiné la formulación de políticas y las enmiendas que han tenido lugar a partir de 1959. Presté especial atención a los problemas surgidos durante la última década. Las únicas cifras disponibles en este trabajo son las proporcionadas por el gobierno cubano y por las Naciones Unidas; las últimas dependen de los datos presentados por las agencias cubanas.

Fase 2- Fuentes secundarias

Tras revisar las publicaciones relevantes de nivel secundario, polarizada como casi todos los estudios de la Cuba revolucionaria, encontré poca orientación para mi esfuerzo de recomendar cambio o continuidad en la política educativa de Cuba. Las publicaciones de las casas editoriales oficiales, así como también casi todo el material escrito por académicos extranjeros a los que el gobierno cubano proporciona acceso a las instalaciones educativas, raramente cuestionan las políticas o recomiendan cambios, en una aceptación complaciente del alegato revolucionario de “equidad a través de toda la sociedad”.

Fase 3 – Fuentes Testimoniales (o No-tradicionales)

La ausencia de un cuerpo de literatura crítica me llevó a ponerme en contacto con los educadores que permanecen en la isla cuyos escritos no aparecen en las publicaciones oficiales. Sus testimonios y pensamientos sobre el tema han contribuido significativamente a mi evaluación, tal vez porque están involucrados en una realidad que ha sido recientemente confirmada por los estudios sobre la experiencia educativa del bloque soviético.

Fase 4 –Análisis

Mientras analizaba lo investigado y consideraba las políticas que pudieran ser recomendadas, saqué provecho de la literatura existente sobre reformas educativas internacionales que ha sido publicada por académicos y por organizaciones de todo el mundo. Asimismo, he usado las orientaciones que el Banco Mundial proporcionada para diagnosticar el estado de la educación en países en desarrollo.

El Sistema Educativo Cubano posterior a 1959

Usando el aparato educativo como forma de arraigar la ideología marxista-leninista, la Revolución de 1959 procuró activar y movilizar, concienciar y colectivizar a la población cubana. La Campaña de Alfabetización de 1961 constituyó la primera movilización masiva de las muchas que posteriormente caracterizarían al régimen.

Poco después, contingentes de voluntarios se trasladaron a las áreas rurales con el fin de impartir, a todos los niveles, programas de estudio especialmente modificados para promover objetivos socialistas. El régimen pronto comenzó a inaugurar Escuelas de Instrucción Revolucionaria y a enviar estudiantes a países comunistas con la misión de estudiar marxismo-leninismo y su correspondiente pedagogía. El gobierno proclamó en 1961 que se habían graduado 100.000 estudiantes de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria. El artículo de Ernesto “Ché” Guevara titulado “El Hombre y el Socialismo en Cuba” finalmente encaminó, a partir de 1965, la política educativa en la búsqueda y creación del hombre nuevo.

El experimento educativo pronto mostró los aspectos que continuarían caracterizándolo durante las cuatro décadas siguientes, y que permanecieron intactos, a pesar de las revisiones cualitativas que se llevaron a cabo en los años setenta. A continuación se presentan algunos de los rasgos generales que tanto los defensores como los críticos atribuyen al sistema educativo cubano:

Para 1970 la escolaridad en Cuba había llegado a cada niño en la isla, un logro que con frecuencia ocultaría las debilidades del sistema educativo, tales como la repetición de grados y una alta tasa de deserción.

Estos problemas fueron puestos de relieve en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, celebrado en La Habana en abril de 1971 con 1.781 delegados.

La medida principal para resolver la serie de fallos del sistema consistió en dedicar más recursos al entrenamiento adecuado de maestros marxistas. Parte del problema era la gran necesidad de maestros, lo cual obligaba a valerse continuamente de maestros emergentes, jóvenes entrenados después de concluir el noveno grado.

Además de estas medidas correctoras, el Ministerio de Educación, a partir del año escolar 1971-1972, inició operaciones a través de una intrincada burocracia con múltiples departamentos, los cuales fueron diseñados para manejar todos los posibles componentes del sistema educativo.

Estas reformas no parecieron suficientes a Castro, pues, durante su discurso al Congreso de la Juventud Comunista de 1972, lanzó fuertes críticas contra el sistema educativo. Argumentó que no se estaban produciendo graduados en las profesiones necesarias para el desarrollo económico y que muchos graduados en humanidades no se estaban integrando ni contribuyendo con las necesidades económicas del país. Ademas, quería que todas las escuelas incluyeran el componente de estudio-trabajo.

Las señales enviadas desde arriba estaban claras y el Ministerio de Educación se apresuró a revisar sus planes para que fueran aprobados durante el Primer Congreso del Partido Comunista Cubano en 1975.

El Plan de Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación de 1975-76, asociado estrechamente al Partido Comunista con el objeto de satisfacer las metas económicas e ideológicas, proporcionó los lineamientos para mejorar la calidad del sistema educativo. La nueva Constitución de 1976 promulgada por el Congreso contenía referencias específicas a la educación y declaraba al marxismo-leninismo como única ideología aceptable.

A pesar de que las revisiones de los años setenta permitieron al aparato educativo cubano ofrecer más posibilidades de entrenamiento técnico en países del bloque soviético y de que el estudio de la economía se vio favorecido, el precio ideológico fue elevado. El control del pensamiento aumentaba; mecanismos adicionales fueron diseñados para monitorear la ortodoxia marxista en el aula. Estos mecanismos, administrados por especialistas militantes, iban desde los expedientes sobre el activismo y la disciplina revolucionaria de los estudiantes hasta la supervisión del profesorado.

Algunas publicaciones cubanas, tales como Educación, ofrecían (y aún ofrecen) artículos que recomendaban que los padres fueran partícipes del proceso educativo. Sin embargo, el gobierno siguió controlando la relación entre los padres, la comunidad y la escuela. De hecho, hasta hoy día, toda comunicación se canaliza a través de organizaciones populares y es dirigida por personal político. El analista educativo británico Mark Richmond encuentra que …el sabor real del modelo educativo cubano se perdería si no se mencionara la participación activa de toda la comunidad para desempeñar una amplia y diversificada gama de tareas y deberes educativos. Esta participación se canaliza a través de varias organizaciones políticas y populares, incluyendo el Partido Comunista Cubano, la Juventud Comunista, los Pioneros, las Federaciones Estudiantiles, los Sindicatos, la Federación de Mujeres Cubanas, los Consejos Escolares, los Comités de Defensa de la Revolución, y los Órganos Locales del Poder Popular. Esta participación popular ampliamente difundida es un aspecto esencial del modelo educativo cubano, ya que es una expresión vital del intento de hacer caer las barreras entre la escuela y la sociedad.

Aunque Richmond no contiene su entusiasmo ante el componente de acceso masivo presente en el modelo cubano, reconoce que puede ser interpretado como “una receta de educación totalitaria” o como de “liberación nacional”. Se decepciona cuando descubre que, a mediados de los años ochenta, la democratización de la educación no se estaba manifestando en los procesos básicos de toma de decisiones locales.

En estos años, con el objeto de contrarrestar el glastnost soviético, el liderazgo lanzó una Campaña de Rectificación y la fuerza coercitiva del estado cubano una vez más reprimió a la población cubana. El sistema educativo volvía a centralizarse.

Durante su tercera década, la imagen que la Revolución cubana ofrecía al mundo indicaba que el sistema educativo marchaba correctamente. El envío de brigadas de maestros a Angola y a Nicaragua y de médicos e ingenieros a todo el mundo presentaba al país como una potencia educativa. Gracias al mantenimiento de su estrategia inicial de acceso masivo, el alfabetismo era una realidad en el interior de la isla y la escolaridad hasta el noveno grado estaba disponible para toda la población.

Desde mediados de los setenta, más de trescientas mil tropas cubanas pasarían por África, contando con todo el apoyo militar soviético. Sin embargo, ya hacia 1985 la dirigencia política reflejaba intranquilidad. La ayuda económica estaba disminuyendo; las tropas estaban regresando desde África y necesitaban puestos de trabajo. A finales de los años ochenta, la admisión a la universidad se redujo en 50% y los candidatos rechazados tuvieron que conformarse con estudiar en escuelas vocacionales o técnicas. Para Castro el problema era más político que económico.

Veía fallos en el producto ofrecido por las escuelas. La pedagogía marxista no había sido suficiente para crear al hombre nuevo, el cual debe cumplir los objetivos revolucionarios y desarrollar la economía nacional. Castro esperaba que más estudiantes fueran como Felipe Pérez Roque, entonces secretario general de la Federación Estudiantil Universitaria -FEU-, quien había declarado que “la universidad es para los revolucionarios… El diálogo ha de ser con la Revolución y para la Revolución. Quien vaya más allá de esos límites no está hablando con nosotros”. Castro quería que los estudiantes universitarios fueran a las fábricas o al campo:

…un historiador –una profesión buena, interesante- puede ser entrenado en un curso de lectura dirigida, pero ese tipo de curso no es capaz de entrenar ni a un simple campesino, ni producir un solo racimo de plátanos o cosechar una libra de boniato, mientras que la iniciativa de Güira de Melena, con 4.000 hectáreas de tierra, tiene 128 campesinos.

En última instancia, las palabras de Castro sobre la educación revolucionaria combinan dosis de alabanza y castigo, lo que el analista Jean-Pierre Beauvais ha descrito como “la más notoria de las muchas contradicciones de la Revolución cubana -una elevada conciencia política y una baja ‘conciencia económica’ en las masas”.

El ojo crítico de Beauvais le permitió analizar los logros y fallos del experimento revolucionario cubano, pero un analista de tal amplitud intelectual no es fácil de encontrar entre los que han visitado la isla a lo largo de décadas. La mayoría de los analistas llega a la isla con una visión predeterminada de una sociedad en vías de recuperar un paraíso ante-colonial o de construir la sociedad marxista que el Viejo Mundo no supo crear. La Revolución cubana con frecuencia consigue ofrecer una imagen que disminuye los defectos de su sistema educativo, presentándolos como aspectos que serán superados mediante el empleo continuo de los métodos existentes, hasta que una nueva generación internalice su ideología.

La Educación en los años noventa Las condiciones a partir de 1991, después del colapso de la Unión Soviética, han puesto de manifiesto sin paliativos las debilidades del mundo comunista y han reducido significativamente la habilidad del régimen cubano para promoverse a sí mismo. Algunos de nosotros caracterizaríamos el período post-soviético como un retroceso; el gobierno implícitamente también reconociéndolo así le llamó “Período Especial en Tiempos de Paz”. La dirigencia revolucionaria ha mantenido dos rasgos en su política educativa: (1) continuar promoviendo el marxismo-leninismo, a pesar de las cambiantes circunstancias en el país y en el mundo; y (2) destinar alrededor de 10% del Producto Interno Bruto al sector de la educación. En términos absolutos, el presupuesto dedicado al área del conocimiento disminuyó en la medida en que lo hizo el presupuestonacional, pero a partir de 1996 los gastos hechos en la educación han aumentado.

La pérdida de los subsidios soviéticos hizo disminuir la inversión en servicios domésticos y obligó al gobierno a legalizar la posesión de dólares norteamericanos. El “Período Especial” arrojó como resultado inmediato la reducción de materiales escolares y de textos; algunos programas de apoyo, tales como el almuerzo escolar y los proyectos de formación de adultos, fueron suspendidos indefinidamente. La dolarización de la economía y la promoción del turismo extranjero se cuentan entre las expresiones más dañinas del “Período Especial”. El salario promedio mensual de un maestro -350 pesos- es equivalente en el mercado a escasos 12 dólares estadounidenses, lo cual contribuye al abandono de la profesión; participar en la economía turística proporciona el ingreso complementario necesario.

Es al menos irónico que el mayor logro de la Revolución en materia educativa, la extensión real de su programa a las áreas rurales, se haya visto fuertemente afectado por la disminución del número de maestros. El campo, donde existen menos probabilidades de ingresar en la economía turística, sólo es atractivo para un maestro realmente dedicado. De la misma manera que la economía dolarizada atrae a los maestros y los aleja de su profesión, también los estudiantes son apartados del camino del aprendizaje por las ganancias que ofrece la economía turística.

Las políticas que hicieron posible el control gubernamental de la educación y que arrojaron estadísticas favorables en los primeros años de la Revolución comunista se han convertido en espadas de doble filo. Aunque los daños han sido minimizados por la naturaleza estructurada y controlada del sistema educativo, su rigidez ha causado problemas. En primer lugar, la ideología que impulsa al sistema rompe la relación natural entre la familia y la empresa educativa; todo contacto en este sentido debe ser tamizado por las estructuras oficiales. Desde las guarderías infantiles hasta la educación superior, el gobierno revolucionario promovió un sistema educativo divorciado de la influencia directa del hogar, al tiempo que enfatizaba la figura del Estado paternalista siempre dedicado a proveer lo necesario para su pueblo. Aunque la Constitución y la prensa proclaman que la familia debe involucrarse directamente en la educación de los hijos, esta participación tiene que canalizarse a través de organizaciones oficiales. Durante el “Período Especial”, momento en el que muchos educadores estaban abandonando la profesión, la presión familiar que asegura la asistencia a clases y el estudio estuvo ausente sobre los niños y también sobre el sistema. El papel paternal del Estado además ha originado efectos negativos en materia de asignación de recompensas, campos de estudio y garantías de empleo para los graduados. A pesar de que el Estado se ha adjudicado el proceso tradicional de la toma de decisiones individuales y lo ha sustituido por el planeamiento y la promesa de empleo, es incapaz de brindar trabajo a muchos egresados de las academias. No es apto para combatir la cambiante economía global, la legalización de las transacciones en dólares y el crecimiento de una población joven que ya no puede ser enviada a las guerras de liberación en el Tercer Mundo, política adoptada en los años ochenta.

El Ministerio de Educación de Cuba hace las veces de anfitrión y copatrocina, cada dos años, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) un relevante congreso internacional simplemente llamado Pedagogía (seguido de un fallido apóstrofo que indica el año; fallido por ser incorrecto en castellano). El lenguaje empleado en estos congresos de Pedagogía es cauteloso en el uso de la jerga marxista, aunque en una de las reuniones más recientes, Pedagogía’01, el Ministro de Educación expresó que el embargo económico impuesto por los Estados Unidos afectaba directamente a las aulas cubanas.

A pesar de las referencias al “Período Especial” y a las limitaciones en materiales escolares, etc. que lo caracterizan, Cuba no ha anunciado cambios en su plan maestro de educación. La continuidad de estrategias y métodos puede sugerir apariencia de éxito, ciertamente apoyado por las estadísticas.

Continua

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